El arzobispo de Buenos Aires ofreció una misa en el barrio porteño de Liniers, antes miles de personas que hicieron fila de hasta cinco cuadras para ingresar al templo para pedir por pan y trabajo, mientras curas bendecían las espigas y estampitas de los fieles.

Bajo el lema “querido San Cayetano ayúdanos a ver al Cristo vivo en cada hermano”, dos filas que alcanzaron las cinco cuadras sobre la calle Bynon agrupaban a miles de fieles que se acercaron de todas partes del país.

“Quien tenemos a nuestro lado no es un enemigo, nos une la fe, somos argentinos”, dijo Poli a los presentes, en medio de un silencio seguido de oraciones.

“Vengo a agradecer y a pedir que no le falte trabajo a mis hijos y que puedan terminar su casita, además de dar mi diezmo de siempre”, dijo Pía Gutiérrez, de 78 años, que llegó desde Villa Luzuriaga para hacer la fila “larga” que le permitió acceder a tocar la imagen de San Cayetano.

La mujer, que llegó a las 8 de mañana, realizó los últimos metros del trayecto rezando con un rosario.

En tanto, puestos de vendedores de espigas, estampitas y distintos objetos con la imagen del santo se apostaban a los largo de las dos cuadras que llevan hasta la puerta del templo, donde se instaló el escenario en el que desde las 4 de la madrugada se realizaron las misas.

“Pedí por los que están en la calle y los desempleados”, rompió el silencio una mujer mientras el cardenal ofrecía la misa.

“Vengo a agradecer por este año y por poder subsistir”, apuntó Paula Giusti, de 47 años, quien llegó desde la provincia de Neuquén para la celebración.

“Le vine a pedir que no nos falte trabajo”, dijo la mujer con sus manos sobre una estatuilla de San Cayetano.

En las inmediaciones decenas de voluntarios del colegio San José repartían mate cocido y bizcochos a quienes aún permanecían en las filas.