Con una participación del 50,9% del padrón electoral, la opción de redactar una nueva Constitución obtuvo una contundente victoria. Cómo se llegó a esto, las perspectivas políticas y los pasos a seguir de ahora en más, en esta nota. 

Con el primer aniversario de la “marcha más grande” que la República de Chile transitara desde el estallido social ocurrido en 2019 como antecedente, el país consagró el aniversario con un contundente e histórico primer paso hacia la redacción de una nueva Constitución Política. 

Cerca del 80% de los algo más de 7.000.000 de chilenos y chilenas que concurrieron a las urnas optaron por aprobar la sanción de una nueva Constitución, contemplando además que la misma sea redactada por una Convención Constitucional, paritaria y electa de manera directa por la ciudadanía.

Los detalles de lo ocurrido en una jornada histórica, cómo se llegó a esta instancia de participación, los pasos a seguir de ahora en más y las perspectivas políticas a futuro, en esta nota.

¿Qué pasó?

Plebiscito en Chile: la histórica votación por una nueva Constitución, explicada

Después de algunas postergaciones propias a la pandemia, este domingo 25 de octubre algo más de 14.000.000 de chilenos fueron habilitados para decir presentes en el plebiscito de entrada constitucional, el primer paso para redactar y, eventualmente, sancionar una nueva Constitución Política.

Para esto, quienes decidieron formar parte del proceso (la participación en esta instancia fue optativa) respondieron dos  preguntas:

  • ¿Quiere usted o no una nueva Constitución? (Apruebo o Rechazo).
  • ¿Qué tipo de Órgano debería redactar la nueva Constitución? (Convención Constitucional Mixta o Convención Constitucional).

Mientras que la participación fue considerablemente menor a la esperada (con el 95% de las mesas escrutadas el registro fue de 7.531.000 votos, es decir, un 50% del total de los votantes habilitados), la contundencia de los resultados no admite dudas sobre los tiempos de época:

  • Apruebo: 78,27% | Rechazo: 21,73%
  • Convención Constitucional Mixta: 20,82% | Convención Constitucional: 79,18%

Plebiscito en Chile: la histórica votación por una nueva Constitución, explicada

Las consideraciones de que este será un largo camino marcan en el calendario que tras el primer paso dado en la jornada de ayer, la próxima instancia de elección será el 11 de abril del año próximo cuando, en sintonía con los pospuestos comicios regionales, seleccionen los integrantes de la Convención Constitucional. 

Vale recordar que la Convención Constitucional va a estar compuesta por 155 representantes de la ciudadanía electos de manera directa, en tanto quienes se postulen podrán ser apoyados por un partido político o bien presentarse como independientes, a través de la conformación de listas.

En adición a estas opciones hay una tercera alternativa, que es la de competir como independiente pero dentro de otro pacto. En este caso, el requisito, además de ser mayor de 18 años de edad y no tener una condena firme (algo que rige para todas las instancias) será el de no haber estado afiliado a algún partido político dentro de los últimos nueve meses.

Un candidato independiente requerirá de la firma de un grupo de ciudadanos independientes igual o superior al 0,4% de los que hubieran votado en el distrito electoral en la anterior elección legislativa (por ejemplo, si se postula en el distrito 10 de Chile donde participaron 469 mil personas en la última elección de diputados tendrá que juntar 1.877 firmas).

Los promotores de la Convención Constitucional plantean que (a contramano de la Mixta donde la mitad de los participantes hubieran sido legisladores nacionales) el Congreso no fue electo y conformado para redactar una Constitución, además de que esta instancia tendrá la paridad de género que fuera garantizada por ley desde marzo de este año.

Indistintamente de los nombres propios que resulten electos el 11 de abril del año próximo, la Convención funcionará por 9 meses, con la posibilidad de requerir una prórroga de otros 3, para luego presentar la Constitución redactada y dar lugar a la votación final.

Ese sería el plebiscito de salida, estimado para mediados de 2022 (ya sin Sebastián Piñera en el Ejecutivo) y cuya participación, a contramano de lo ocurrido este domingo último, es obligatoria.

Plebiscito en Chile: la histórica votación por una nueva Constitución, explicada

El peso político y simbólico del plebiscito como instrumento consultiva tiene en la historia reciente chilena una importancia mayúscula.

Fue cuarenta años atrás bajo la dictadura de Augusto Pinochet que (en circunstancias donde las libertades individuales se encontraban fuertemente restringidas) se terminó por aprobar la Constitución vigente en la actualidad, en tanto ocho años después, bajo ese mismo recurso, se decidió finalizar la continuidad en el poder de ese mismo gobierno de facto.

Es por esto que una lectura más cercana a la realidad y lejana a la épica da cuenta de que lo que se jugó en el plebiscito de 1988 no fue la derrota del régimen sino la administración inmediata de ese proceso de transición democrática, dando forma y continuidad a las reglas del juego, al menos hasta hoy, vigentes. 

La más concreta de esas continuidades fue la instalación casi inercial del capitalismo neoliberal como estructura económica nacional.

Fue este modelo el que al menos en una primera instancia dio resultados positivos frente a una sociedad que tras los 17 años pinochetistas estructuró la pobreza y la miseria como rasgos fundantes de la sociedad: el ingreso y consumo per cápita aumentaron, la inflación logró contenerse y el crecimiento, a contramano de la región, logró sostenerse por décadas.

Sin embargo, muchos de estos indicadores macro son los que pierden en el número las  profundas desigualdades que también se configuraron como parte estructural y necesaria de este ordenamiento económico.

En lo político, por su parte, persistieron los amarres que el propio artífice de la Constitución, Jaime Guzmán, explicara allá por 1979: “Es preferible crear una realidad que restrinja a quien gobierna a sus demandas. Es decir, si nuestros adversarios llegan al poder, se verán obligados a tomar acciones que no sean tan diferentes a las que nos gustaría”.

De este modo, pese a los constantes parches que se han realizado sobre la Constitución Política del país, continúan presentes instituciones como el Tribunal Constitucional, los quórum supra mayoritarios y fundamentalmente, la indecisión política de lograr desde lo normativo cambios sustantivos sobre las demandas de la ciudadanía.

Como señala Carolina Tohá, lo que ha hecho explotar a Chile es la incapacidad del sistema político de destrabar los debates que no tenían una salida en el marco de la institucionalidad vigente. La derecha estiró demasiado el chicle de las ventajas que le daba el sistema. Las fuerzas del centro y la izquierda, por su lado, nunca convocaron al electorado a dirimir ese conflicto, de hecho, nunca lo levantaron como un dilema central.

Plebiscito en Chile: la histórica votación por una nueva Constitución, explicada

Lo que se verifica en la recolección de testimonios desde el marco individual, se confirma también a nivel colectivo. Los indicadores macroeconómicos sin una redistribución o un “derrame” social proporcional en Chile son la analogía propia que el crecimiento sin desarrollo expone.

Y en ello hay que entender que lo económico contra lo social debe tener en lo político un vaso comunicante, no un río que bifurca ambos senderos, buscando desatenderse de sus responsabilidades para con sus ciudadanos.

La estructura productiva que responde a un perfil exportador y abierto al mundo presenta la profunda contradicción entre un país casi por inercia dependiente de la extracción y un sector laboral cuya composición mayoritaria no está incluida en la economía formal del país.

Esto, sumado a la “convivencia” desde este sector con el capital internacional y los intereses desde aquí representados, presenta el camino desde el cual se construye la génesis de las desigualdades del país.

Solo tomando nota de la erosión de las facultades político-partidarias frente a la sociedad es que puede comenzar a pensarse el grado de profundidad que las movilizaciones han sabido sostener en todo este último año.

Chile no es más desigual que la media latinoamericana no presente los peores niveles de endeudamiento o inflación. Sin embargo, los cuestionamientos son harto más serios que en cualquier otra Nación, lo cual evidencia que en buena medida la situación transitada durante el último año no responde únicamente al tamaño de los problemas sino a las deficiencias históricas arraigadas en como procesarlos y canalizarlos desde la política.

El estallido social en Chile obedece en este sentido más a un colapso político más que a un cuestionamiento integral del modelo neoliberal o al agotamiento de la estrategia económica sostenida desde el retorno de la democracia. 

Como resultante, la convocatoria al plebiscito y su contundente ratificación evidencia la oportunidad gestadade manera apartidaria y desde las calles para que Chile se desprenda de sus herencias político-económicas y reedite su modelo de desarrollo por otro en el que sus ciudadanos ya no sean espectadores, sino protagonistas de otro eventual milagro.

Fuente: Filo