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Los argentinos se clasificaron al vencer a Chiefs de Nueva Zelanda por 21-16 en el estadio de Vélez Sarsfield por los cuartos de final.

Fueron algo más de dos minutos y medio de muchos nervios y algo de sufrimiento para las casi 17 mil personas que llegaron al José Amalfitani. O 162 segundos, para ser más exactos. Fue ese el tiempo que pasó desde que sonó la chicharra que marcó el final de los 80 minutos reglamentarios hasta que Matías Moroni se tiró a “pescar” una pelota y provocó el penal que decretó la victoria en el propio campo rival.

Esa corajeada del devenido wing -es centro por naturaleza- desató una ola de abrazos, de sonrisas y de gritos eufóricos. Adentro y afuera de la cancha. Jaguares, en su cuarta participación en el Super Rugby, consiguió por primera vez la clasificación a las semifinales.

Llegó al fin esa meta que antes del debut frente a Cheetahs en 2016, en Bloemfontein, muchos daban por descontado, pero que sin embargo la realidad del torneo de franquicias más exigente del hemisferio Sur llevó todo a un terreno inesperado. Porque a Jaguares le costó adaptarse al campeonato. A su ritmo de juego, a los viajes, a las largas giras. Y a los poderosos adversarios.

Cuatro años después, gracias al 21 a 16 conseguido en la fría noche de Vélez ante Chiefs, Jaguares se metió entre los cuatro mejores del campeonato y el viernes a las 20.05 jugará por un lugar en la final. Otra vez en Liniers. Y frente a Brumbies o Sharks…

El comienzo había sido para ilusionarse. Porque tras la salida de Díaz Bonilla, la pelota llegó a los forwards de Chiefs, pero Petti la tomó en las 22 yardas adversarias y de esa recuperación derivó el try de Pablo Matera. Habían pasado apenas 47 segundos. Mucho daba para pensar a lo grande, aunque todos sabían que del otro lado la franquicia argentina tenía a un equipo neozelandés. Con todo lo que eso implica en el rugby.

Así se armó un primer tiempo durísimo en los puntos de contacto, con Chiefs abriendo muy bien la defensa jugando para afuera y metiendo algún pase interno para romper por el eje, con apoyos permanentes que lastimaron. Y así también la visita quebró en un puñado de oportunidades, como cuando Weber se escapó por el ciego y le dio el pase a Lachlan Boshier para que apoyara abajo de los palos.

Esa conquista soltó aún más al perdedor. Y Jaguares, que se aisló con la pelota invariablemente, perdía la posesión. En ese rubro, lo de Lienert-Brown, un centro de tremendas cualidades técnicas y una gran defensa, fue maravilloso.

Un penal de Debreczeni dio vuelta el resultado (10-8 para Chiefs) y le puso más presión a un conjunto argentino que parecía más desesperado en recuperar cada pelota que en pensar cada movimiento. Eso invariablemente quitó jugadores en defensa en todas las fases y expuso al equipo al penal permanente y al cansancio prematuro.

Otros dos penales de Debreczeni le dieron a Chiefs una diferencia importante (16-8), pero ahí surgió lo mejor de Jaguares. Cubelli ganó y perdió en su duelo ante Weber, pero cuando el medio scrum fue reemplazado hizo pesar su juego y su coraje para enfrentar a jugadores mucho más grandes físicamente. Además, Kremer y Matera controlaron a Cane y siempre que pudieron pusieron al equipo adelante.

Jaguares hace historia ante Chiefs y llega a semifinales del Super Rugby
Además, con la táctica de Díaz Bonilla de lanzar la pelota mucho más rápidamente, sin “pasamanos” y con más salteos para llegar antes a los wines -no lo había hecho en el primer tiempo-, el conjunto de Gonzalo Quesada fue al frente.

Y a los 11 minutos, después de una serie de fases armadas por los forwards, la pelota salió limpia para el propio Díaz Bonilla, quien con un salteo se la pasó a Matera para que el ala habilitara con una mano a Moroni y llegara el segundo try, el de la remontada en el marcador.

Hubo una defensa tremenda y granítica de Jaguares, con Matera (12 tackles), Kremer (10) y el resto formando una pared para que nadie pasara, y errores de manejo impensados con una infinita cantidad de knock-ons por parte de Chiefs.

Dos penales de Díaz Bonilla decoraron el resultado final para conseguir un gran triunfo ante uno de los mejores equipos del campeonato (con jugadores con presente y pasado en los All Blacks) y para soñar que hay armas como para pensar en una posible final.

Falta un paso para llegar a esa definición. Es cierto, como que también es verdad que Brumbies o Sharks será tremendamente difícil. Pero hay equipo para soñar, jugadores para creer y un staff técnico que tiene la inteligencia para leer cada partido y sacar lo mejor de cada uno de sus hombres. Se puede, entonces. Claro que se puede.