La cantante británica murió el 23 de julio de 2011, cuando tenía 27 años. Su voz privilegiada sigue resonando.

El fallecimiento de Amy Winehouse se dio cuando nadie se lo esperaba. En una corta y vertiginosa carrera logró hipnotizar a la crítica, a una extensa masa de fans que disfrutaron su carrera de principio a fin y también a un un público interesado en las alocadas noches de excesos en las que vivió Winehouse hasta sus últimos días.

A pesar de haber muerto tan joven, logró importantes reconocimientos. Incluso su segundo disco Back to Black ha sido el álbum más vendido en el Reino Unido del siglo XXI según la Official Charts Company, con 3,5 millones de copias en ese país.

“No escribiría algo que no fuera personal” confesaba sobre sus canciones, las que la llevaron a encumbrarse en las esferas del jazz, el soul y el R&B. Esa pasión que la caracterizaba la plasmó en sus letras y acordes que muchos han reversionado en covers, como Sam Smith, Beyoncé y Artic Monkeys, que siguen manteniendo con vida a Amy.

En una entrevista que dio en 2004 a The Independent y que no salió publicada hasta años después de su muerte, Amy declaraba: “Me gustaría ser recordada como alguien que no estaba satisfecha con un sólo nivel musical … como alguien que fue una pionera”.