Alejandro Fernández salió con su lancha Guajiro a ayudar a los vecinos que se encontraban pidiendo socorro en medio de una incesante lluvia que azotó a la capital bonaerense y que dejó un saldo de más de 89 muertos. 

El 2 de abril no es una fecha más para los platenses. Ese día pero del año 2013, una tormenta de grandes proporciones provocó una de las tragedias que los vecinos recordarán por siempre.

En diálogo con AIRE BONAERENSE, Alejandro Fernández -vecino de la localidad de Tolosa, de la zona de 524 entre 6 y 7- relató lo que vivió esa noche y expresó que “son muchos los recuerdos hay, casi tanto como para hacer un libro. En cada casa había un caos, y cada persona una desgracia”.

EN CARNE PROPIA

“Eran las 8 de la noche y estábamos cenando con mi esposa. Llovía desde muy temprano y eso no nos resultó para nada extraño. Con el correr de los minutos, me llamó la atención y decidí salir a la calle. Miré hacia 7 y vi como el auto de un amigo que vive sobre la avenida estaba tapado por el agua.

En ese momento, comencé a observar las casas y el agua estaba cada vez más arriba. Las puertas estaban cerradas y empezamos a tomar la dimensión y ver que la gente no podía salir. Le dije a mi mujer ‘voy a sacar el bote para ver si alguien necesita ayuda’.

Empecé a navegar en el medio de la Avenida, y había gente que hasta me quería pagar para que los lleve hasta sus casas, pero claramente no lo hice. A algunos los llevé a sus domicilios y a otros que vivían lejos o tenían sus casas tapadas por el agua los metíamos con mi señora al garaje y le dábamos algo caliente para tomar.

En el lugar no había policías, gente de defensa civil ni nadie para asistir a las personas. Pero creo que nadie se imaginaba que esto podía llegar a suceder. Fue tardía la decisión de los funcionarios, al igual que la mía, de salir a ayudar a los vecinos. Todos nos confiamos en que era una tormenta más. Yo tomé tarde la decisión de salir con mi bote y hice lo que tenía a mi alcance. 

La lluvia no paraba y traté de ir lo más despacio posible, pero sentí miedo en un momento cuando el motor de mi lancha se paró y empecé a navegar a la deriva rumbo al Arroyo el Gato. Tuve mucho miedo.

Trato de olvidarme siempre de esta fecha, pero al transitar el barrio miro las casas y recuerdo todo: la caras de las personas, la desesperación. Son muchos los recuerdos hay, casi tanto como para hacer un libro. En cada casa había un caos, y cada persona una desgracia.

Lo que rescato es que, hasta el día de hoy, la gente pasa por mi casa y me agradece por estar en ese momento.